Comunidades afectivas en la era de la dominación virtual

Vanessa Martínez. Integrante de la Asamblea Pucara Catamarca y Alianza por los Humedales Andinos. Psicóloga, UNC. lavanemartinez@gmail.com
Verónica Gostissa. Integrante de la Asamblea Pucara Catamarca y Alianza por los Humedales Andinos. Co-cordinadora por Argentina de OPSAL, Abogada UBA.vero.gostissa@gmail.com
Fotos de Sebastian Lopez Brach.

Introducción

Este escrito tiene como foco el análisis de la realidad actual de la provincia de Catamarca, Argentina, situada en un contexto global en el cual la extracción de litio se vende mediáticamente como la clave del éxito para la transición energética y el desarrollo de la economía local.

Sin embargo, lejos de las promesas fantasiosas, la realidad de la sociedad catamarqueña puede visualizarse al repasar las publicaciones de los periódicos locales: mientras el Gobernador Raúl Jalil se muestra en una nota abrazado al CEO de “Río Tinto Lithium”, el pueblo marcha cada semana por los jubilados y jubiladas, las maestras de nivel inicial salen a las calles pidiendo mejoras en sus condiciones salariales y en los edificios escolares, y se despliegan cortes de ruta por falta de agua potable en varios puntos de la capital y el interior de la provincia.

Flamenco con montañas de fondo en el Salar del Hombre Muerto en Antofasgasta de la Sierra Catamarca.

En este contexto, analizaremos cuál es el rol que juega la virtualidad, como mundo abstracto -sin cuerpo- que ha invadido por completo nuestras prácticas políticas y tomado nuestra energía vital. Con ese anclaje y desde una perspectiva psicoanalítica situada, en conversación con algunas herramientas que nos facilitan autoras contemporáneas, proponemos la caracterización y análisis de -por lo menos- tres narrativas de desconexiones territoriales: el falso hacer o la simulación del acto a través del uso de redes sociales, la naturaleza como objeto de turismo y la mirada y, por último, la estrategia empresarial conceptualizada como “comunidades afectadas”.

Virtualidades, política y homovidens: el falso hacer a través de las redes sociales.

¿Cómo se encuentran configurados nuestros cuerpos ante el saber-hacer mediado por la virtualidad? ¿Qué motoriza nuestro saber-hacer? ¿Qué otros mundos posibles son capaces de devolvernos la vitalidad de nuestro cuerpo en movimiento?

Algunas de nuestras reflexiones por supuesto no son nuevas, de hecho son bastante discutidas en el mundo de la comunicación política[1], como es el caso de un clásico de Giovani Sartoni y su idea de homo videns y la sociedad teledirigida en su icónico libro (1997), donde explica alguna de las cuestiones que venimos pensando respecto a la nueva era de la hiper-conectividad, mediada por el dispositivo celular y la ilusión de un futuro absolutamente tecnológico/digital.

Si bien el texto se basa en la era de la televisión, Sartori (1997) plantea: “Mi idea de la aldea de McLuhan es la siguiente: la televisión fragmenta el mundo en una miríada de aldeas reduciéndolo, a la vez, a formato aldea. La televisión, decía, «aldeaniza>, y no es una metáfora (…) Este escenario alternativo prefigura el mundo que actualmente está estructurado por Internet; pero también se aplica —mantengo— a grupos marginales y/o a «grupos de emociones» (fijas o fijadas). Y en ambos casos la cosa acaba en que entre el no place y el my place, o bien cuando nos encerramos en tribus transversales de ficción, desaparece la «gran patria» —sea nación o Estado— a la que siempre le reclamamos protección” (p.45).

Esta línea de pensamiento, nos ayuda a repensar y entrar en diálogo con el pensamiento que nace por fuera de la academia y las ciencias sociales o de la comunicación, y que se origina y posiciona en la construcción político-comunitaria de los pueblos indígenas que resisten en el sur de Argentina y Chile: los pueblos Mapuches, dándonos un enfoque por-fuera de lo académico y por-fuera del Estado.

Al respecto, en una entrevista a Moira Millán, la activista telúrica plantea: “Los pueblos indígenas no quedamos ni del lado de la izquierda ni del lado de la derecha, sino el cosmocentrismo. Y esta palabra implica un concepto profundo, trae memoria, trae territorialidad, trae cosmografía en vez de la geopolítica actual. Cuando pensamos en los mundos siempre desafortunadamente nos remitimos a la construcción de la geopolítica de los estados invasores sobre nuestro territorio, la nación mapuche, por ejemplo, no se siente ni argentina ni chilena. Es mapuche.”

Esta idea, que manifiesta otra concepción de Nación y de Territorio, también nos pone a repensar las formas en que construimos conocimiento, lo divulgamos o experimentamos.

Al decir de Millán (2024), el pueblo domesticado es un pueblo que tiende a ser lo que para Giovani Sartori es un cuerpo pasivo, que sólo ve a través del objeto que lo teledirige (1997). El pueblo domesticado o la sociedad teledirigida tienen para nosotras una gran importancia si queremos desarticular lo que nos hace homovidens o seres humanos separados de la naturaleza, como bien nos enseñó la filosofía moderna occidental hegeliana y clásica.

Por eso, resulta fundamental preguntarnos por nuestro posicionamiento político, por nuestras prácticas. ¿A través de qué miramos el mundo? ¿Existen condicionamientos que nos hacen percibir la realidad de una manera fragmentada?

En su libro Colapso, Flavia Broffoni (2024) nos plantea justamente esta cuestión. De hecho, según ella, existen sesgos cognitivos de negación (p 85): negación del colapso, del fin de los “recursos naturales”. Negación del colapso de este sistema-mundo que -casi sin decidirlo- seguimos habitando.

Dentro de los sesgos analizados en la lectura mencionada, nos encontramos con el efecto espectador, acerca del cual Broffoni (2024) dice: “(…) refiere al famosísimo dicho y nunca del todo valorado en su capacidad destructiva: “alguien más lo va a solucionar”. Aplica a todas las variantes de protagonistas en los cuales delegamos la propia responsabilidad” (p.95).

Entonces se hace sumamente necesario preguntarse, ante el efecto paralizador que padecemos/padece la sociedad, ¿de qué manera podemos resignificar nuestra anatomía? ¿separando el artefacto-celular de nuestras manos? ¿Es realmente urgente la comunicación global, inmediata?

En “Infocracia”, Byung- Chul Han (2022) postula algo que desde el psicoanálisis se viene abordando desde la modernidad; el órgano, el cuerpo como parte fragmentada/dominada por el capitalismo y el exceso: el consumo[2]. “Los dedos no son capaces de actuar en sentido enfático, como las manos. No son más que un órgano de elección consumista” (P.20), nos dice.

De allí nuestra preocupación y ocupación activista en el territorio catamarqueño y en la vida cotidiana. El desafío será, encontrarse con otro -de carne y hueso- para encarnar, desde y con el colapso, prácticas que honren la (cruda) realidad planetaria que estamos atravesando y proponer un hacer comunitario a favor de las vidas, todas.

¿Qué tiempo le dedicamos a los afectos? ¿Qué tiempo le dedicamos a las plantas, a nuestra espiritualidad, a nuestra conexión con lo vital? Y, por otro lado, ¿cuánto tiempo pasamos frente a las pantallas?

Haciendo una búsqueda por algunos sitios web de revistas científicas, nos encontramos con estudios realizados de manera psicométrica –es decir, con escalas, indicadores, baremos, etc.- para evaluar cómo inciden las redes sociales y el uso de internet en la salud mental. Se han desarrollado trabajos con poblaciones de adolescentes donde se mide la ansiedad y la depresión como efecto de la cantidad de horas diarias que dicha población pasa frente a sus celulares (Campos, 2021), y los resultados indican un efecto directo. A mayores síntomas de depresión y ansiedad, mayor uso diario de redes sociales (más de tres horas por día).

Ahora bien, ¿Podemos construir otra forma de habitar el mundo antes del colapso total? ¿Existen formas de trabajo que involucren el salirse del sistema-digital-virtual? ¿Es necesario que todo sea subido a una nube?

 “No nos dicen, por ejemplo, que para que esas nubes almacenen nuestros correos electrónicos de hace diez años o nuestros mensajes de audio, se necesitan diariamente millones de litros de agua limpia para enfriar servidores o que el dióxido de carbono que producen las granjas de servidores, hasta antes de la pandemia, era igual al generado por el tráfico aéreo en Estados Unidos” (Broffoni, 2024, p.200).

Será importante trabajar la conciencia humana respecto a la importancia de saberse vivo, finito y dependiente (en términos biológicos y no tecnológicos).

¿Dónde hallar respuestas? Creemos que existe otro futuro posible, pero que hay que encarnarlo.

Territorios en lucha, la naturaleza como objeto de turismo y la mirada.

Históricamente, la provincia de Catamarca no fue elegida como destino turístico por las empresas de viajes, ni tampoco ha tenido valorización e incentivo desde el propio gobierno local. La oferta turística siempre fue muy poca, aun teniendo lugares obnubilantes como salares, volcanes, dunas, yungas, ríos, bosques, lagunas escondidas, entre otras de las tantas características de los trece ecosistemas que conforman la provincia.

Desde 1985, el Estado argentino comenzó a tener una vinculación respecto a los pueblos originarios, producto de luchas incansables en varias regiones de todo el país por la defensa del territorio indígena. Se inició así un proceso de legitimación estatal de diversas naciones, las cuales podían iniciar un camino legal para obtener la personería jurídica, un documento que plasma dicho reconocimiento legal. Ejemplo de ello, fue la creación del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)[3], organismo público dedicado a preservar y promover los derechos de los pueblos indígenas.

Sin embargo, la cuestión de “legitimar” a las comunidades y naciones indígenas/originarias, siempre fue una cuestión discursiva y utilitarista. Esta práctica, la podríamos llamar indian washing:[4] conjunto de discursos y prácticas tanto estatales como empresariales que apropian nociones vinculadas a la vida, el lenguaje, las celebraciones de los pueblos originarios, entre otros, incorporándolos a las políticas públicas y/o programas en cuestiones vinculadas al ambiente y dichas comunidades.

Aún más, en nuestro país, se ha evidenciado el fracaso de las instituciones estatales vinculadas al “reconocimiento” de derechos de las comunidades originarias, ya que se evidencian numerosos casos[5] donde las empresas trasnacionales han instalado proyectos de extracción de minerales (oro, plata, cobre, litio) en territorios donde el propio Estado ha reconocido la titularidad y posesión ancestral de dicha región.

El extractivismo es el ejemplo clave, y más práctico, para visibilizar la pantalla del gobierno nacional con respecto a las prácticas de “reconocimiento indígena”. Con esta perspectiva entonces, ubiquemos el turismo catamarqueño[6].

Lo primero que muestran las publicidades turísticas, redes sociales del gobierno y la página web de turismo local son las dunas de Fiambalá, el campo de Piedra Pómez y el Volcán Galán –reconocido como uno de los volcanes más grandes del mundo-.

Lo que no muestran estas plataformas digitales, es lo que está sucediendo en cada uno de esos territorios: la explotación de minería de litio en Fiambalá está afectando la economía regional y generando la reducción de los volúmenes de agua dulce en las lagunas de altura (Machado Aráoz, H., 2021); el campo de Piedra Pómez lindera con el volcán y la laguna Carachi Pampa, donde pretenden instalar el proyecto “Cachi” y, por último, el volcán Galán, está ubicado en el Salar del hombre Muerto: un humedal de altura donde empresas transnacionales explotan minería de litio desde 1997, han desecado una vega de 5 km de río y, actualmente, hay más de 10 proyectos extractivos de litio esperando las aprobaciones del gobierno local[7].

Este salar, además de ser un sitio sagrado para la comunidad indígena Atacameños del Altiplano, está integrado por componentes ecosistémicos que revelan información del origen de la vida. Y no es algo al pasar, es una zona estudiada por sus elementos hidrogeológicos, geológicos y biológicos donde queda demostrada la importancia de su conservación.

En un artículo de la CNN, Taylor Nicioli (2023) entrevistaba a un investigador dedicado a la temática: “Los estromatolitos son rocas en capas creadas por el crecimiento de algas verdiazules, o cianobacterias, a través de la fotosíntesis. Según la NASA, las estructuras se consideran uno de los ecosistemas más antiguos de la Tierra y representan la evidencia fósil más antigua de vida en nuestro planeta de hace al menos 3.500 millones de años. 

“Estos son ciertamente similares a algunos de los primeros macrofósiles de nuestro planeta, y en un tipo de ambiente realmente raro en la Tierra moderna”, dijo Brian Hynek, profesor del departamento de ciencias geológicas de la Universidad de Colorado Boulder, quien ayudó a documentar el ecosistema. “Son una ventana al pasado lejano de cómo podría haber sido la vida hace 3.500 millones de años en nuestro planeta” (2023).

Entonces, ¿por qué existe tanta contradicción entre lo visualmente atractivo para el turismo, lo sagrado para la comunidad y los “pedimentos mineros” que el gobierno garantiza para las empresas? ¿Realmente las políticas públicas, los derechos indígenas y el turismo es algo pensado para el cuidado de los territorios y quienes lo habitan? ¿Nadie se impacta al ver un Parque Industrial Minero[8] en medio de la Puna Atacameña del norte argentino? ¿Qué experiencias buscan los turistas? ¿Qué quieren ver y qué prefieren no-ver?

La mirada es una de las cuestiones estudiadas desde el psicoanálisis de orientación lacaniana, e implica el indagar la diferencia entre ver y mirar, entre el deseo y lo que falta siempre en el ser. Cuestiones libidinales que Lacan (2015) postula abordando la pregunta sobre qué es un cuadro, y qué implica la mirada allí.

La mirada en la actualidad es una de las pulsiones más activas del ser humano, ya que el dispositivo celular se ha convertido en la nueva forma de comunicación inmediata. La posición de los artistas de mostrarlo todo: danza, música, fotografía, artes plásticas, mediadas por el recorte visual que entra en las medidas establecidas por las redes sociales, (el formato vertical 9:16) que dura, por lo general, no más de un minuto. La pulsión del mirar y ser mirado, es además de lo ínfimo en el tiempo: “(…) la palabra queda sometida al campo del yo y del otro especular, al campo del yo y del otro también imaginario. Hablamos de un lenguaje ubicado dentro del campo de lo imaginario, no de lo simbólico. Pero en las redes se acude al lenguaje, a códigos, a íconos que tienen significado para quienes coexisten en la comunidad virtual (…) La subjetividad virtual se establece frente a ese Otro virtual. Pero el Otro de este lenguaje no habla, mira, lee, escribe, etiqueta, agrega, toquetea, interpela, sigue, en el campo de la mirada.” (Llano, 2023, p.6).

¿Será que despertar la conciencia no cabe en un minuto? ¿Será que nos gobierna el deseo omnivouyeur? ¿Será que el recorte que se hace a través del celular –como pensaba Sartori de la televisión- nos hace mirar o mostrar sólo lo “bello”? ¿Será que la foto que puedo tomar es más importante que la acción que se puede ejercer?

La realidad que evadimos es la que hoy requiere más atención. Mirar el río, mirar el agua, el territorio y la vida multiespecie, es necesario para toda prevención frente al colapso. Algunos autores contemporáneos hablan de “ceguera” (Maldonado, 2024), como aquel consumo ilimitado respecto a la mirada, al uso del celular y a las prácticas vinculares atravesadas por la época. Nosotras creemos que hay que prestar atención. En una época desbordada de diagnósticos de “hiperactividad” o “déficit de atención”, todo suena y resuena ser parte de un mismo tejido: la distracción, la sobre-estimulación y esto, indefectiblemente, nos separa de la naturaleza.

Estrategias empresariales y la idea de “comunidades afectadas”

Históricamente, quienes somos activistas ambientales entendemos que los informes de impacto ambiental presentados por las empresas transnacionales, dan cuenta de un eje transversal a todos los estudios realizados en las zonas donde pretenden instalarse. Ese eje es el concepto de comunidad afectada.

Así, la comunidad afectada -según estas empresas y el gobierno local- será aquella comunidad humana que se encuentra localizada en las hectáreas identificadas dentro de la concesión minera y tendrán una afectación directa o indirecta según la cercanía con las instalaciones del proyecto. Este concepto, desarrollado desde 1995 con la instalación de minera la Alumbrera en Catamarca, se ha instalado en el inconsciente colectivo de la población y ha determinado los parámetros a tener en cuenta al momento de hablar de impactos y afectaciones a la comunidad.

A modo de ejemplo, para lograr la aprobación de un proyecto minero en el marco de una evaluación de impacto ambiental, el gobierno convocará a una “consulta pública” solo a la población identificada (en el IIA) como posible afectada e intentará obtener la licencia social, es decir, la aprobación legítima de la comunidad.

En este sentido, hay dos casos locales interesantes para analizar. Por un lado, el pueblo de Andalgalá, quien viene resistiendo hace más de veinte años a la instalación del proyecto minero MARA (Minera Agua Rica Alumbrera) y han logrado instaurar -en el imaginario colectivo de toda la provincia- la premisa de que “no hay licencia social”. De esta manera, los límites territoriales (pedimentos y concesión minera) y la delimitación de comunidad afectada, comenzaron a ponerse en jaque.

Por otro lado, las y los integrantes de la comunidad Atacameños del Altiplano (SHM, puna catamarqueña) han identificado las ficciones y trampas en el proceso de “charlas informativas” que desplegó el Ministerio de Minería en su territorio: las reuniones se realizan en lugares de difícil acceso, sin conectividad a internet que permita la escucha y participación de otros pueblos y un QR de imposible acceso que impide la obtención de información pública ambiental.

Entonces, ¿a quién y cómo se le consulta?

Al decir de Donna Haraway (2022): “Mi” Chthuluceno, aún cargado con sus problemáticas raicillas casi griegas, enmaraña una miríada de temporalidades y espacialidades y una miríada de entidades-en-ensamblajes intraactivas, que incluyen a más-que-humanos, alteridades-no-humanas, inhumanos y humanos-como-humus (…) Una manera de vivir y morir bien como bichos mortales en el Chthuluceno es unir fuerzas para reconstituir refugios, para hacer posible una recuperación y recomposición biológica-cultural-política-tecnológica sólida y parcial, que debe incluir el luto por las pérdidas irreversibles” (…) “¡Generen parientes, no bebés!” (p. 156-157).

La concepción de parientes de Donna Haraway nos genera la clave para seguir. El parentesco multiespecie que se encarna y se teje con el territorio puneño, se encuentra muy lejos del cuadrado categórico que el Ministerio de Minería o el área de relaciones comunitarias de una empresa minera puede llegar a comprender o transmitir.

La clave aquí es siempre afectiva.

En este escenario, es que entendemos la democracia delegativa como una estructura política que ha generado un daño irreversible en el sistema partidario actual. Es decir, nunca se ha llegado realmente a una práctica participativa activa dentro de la democracia.

Aquí, nos surge otra idea: para participar hay que verse afectado. De nuevo el afecto.

La comunidad afectiva es entonces el reverso de la “comunidad afectada” que han inventado las empresas e instalado en el inconsciente colectivo y en el lenguaje común de los pueblos que son elegidos, para ser sacrificados (Balcázar y Cabaña, 2024). Una comunidad afectiva no se basará nunca en los límites geográficos. Lejos de eso, una comunidad multiespecie reposa en el afecto por el territorio, lo que a su vez traerá necesariamente el cuidado.

Quienes habitamos y residimos en la provincia de Catamarca, nos vemos afectados por las decisiones que toma el Estado sobre el uso del agua y de la tierra. Y en consonancia a esto, nos encontramos en una relación afectiva con el territorio y la comunidad de seres humanos y no humanos. Doliendo-disfrutando-defendiendo ese pedazo de mundo.

¿Qué sentirías si una empresa seca un río que conocés? ¿Qué sentirías si diariamente atropellan animales que son parte de tu entorno? ¿Qué te causaría saber que un proyecto minero quiere instalarse en el patio de tu casa? Lejos de ser preguntas reflexivas, estos escenarios entrañan lo real: la naturaleza también puede morir.

Conclusión

En palabras de Flavia Broffoni (2024): (…) Es posible crear una tecnología vital, como contraposición a la tecnología del capital, a la biotecnología extractivista que manipula de manera letal la esencia de las semillas (…)Las tecnologías del capital son terricidas desde el principio hasta el final de la cadena de producción y consumo, y están intrínsecamente relacionadas con el deterioro y la muerte de los territorios: se extraen los materiales para la producción de dispositivos y luego de su ciclo de vida estos terminan en un vertedero, que probablemente esté situado en algún lugar del planeta donde la pauperización de la vida les habilita impunemente matar” (p. 200).

Estas reflexiones que nos acompañaron a lo largo de este escrito, también hacen sentido un día como hoy que, mientras escribimos, el Gobierno de la provincia de Córdoba desterró un árbol –quebracho blanco- de 300 años de edad, para poder construir una autopista. Todo el pueblo de Villa Allende (la localidad afectiva y afectada) y toda Argentina -a través de las redes sociales- dijo que no. A pesar de los múltiples cuerpos en defensa del árbol -sentido como pariente- y todo el ecosistema que en él habita, el gobierno lo arrancó de raíz con una máquina: la imagen del árbol parecía diminuta frente al aparato que lo llevaba por el aire.

Estas realidades que parecen distopías, son los pilares en que se basa el proceso de transición energética global, que no transita, solo devora y sacrifica. La virtualidad ha traído sobre-medicalización porque estamos sobre-estimulados y distraídos.

Hemos creado una tecnología que no tiene nada de lógica en lo que se refiere al cuidado de la vida. No tiene lógica, ni respeto, ni afecto. El desafío entonces será armar comunidades afectivas, multiespecies que -saliendo de la trampa de la fragmentación- nos integren como una humanidad micelar.

Bibliografía

https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/inai/mapa

Broffoni, Flavia. (2024). Colapso. 1era edición. Sudamericana, Buenos Aires.

Barnett, Tracy L.   (2021) Posted in Activismo, Empoderamiento-de-Mujeres-Americas, Pueblos Indígenas on 3 diciembre, 2021.  https://elproyectoesperanza.com/2021/pueblos-indigenas/moira-millan-un-movimiento-telurico-esta-despertando-a-las-mujeres-de-la-tierra/

Bauman, Z. (2017) Vida líquida. Ediciones Gandhi. México.

Campos, Rossana Gómez et al. Uso de redes sociales, ansiedad, depresión e indicadores de adiposidad corporal en adolescentes. Salud(i)Ciencia [online]. 2021, vol.24, n.6 [citado  2025-07-12], pp.327-332.

Ecología política latinoamericana: pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica / Héctor Alimonda … [et al.] ; coordinación general de Héctor Alimonda ; Catalina Toro Pérez ; Facundo Martín. – 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO; México : Universidad Autónoma Metropolitana ; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ciccus, 2017.

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Habermas, J. (1996): “Tres modelos normativos de democracia”, en La inclusión del otro. Estudios de teoría política. Paidós, Madrid.

Han, Byung-Chul. (2022). Infocracia. Editorial Taurus. Buenos Aires.

Haraway, Donna. (2022) Seguir con el problema. Editorial Connsoni, 4ta edición. Buenos Aires.

Machado Araoz, Horacio (2021) Transición energética y pacto neocolonial: sobre los mitos de la electromovilidad y la “sustentabilidad” corporativa En http://www.ecologiapoliticadelsur.com.ar/nota/67-transicion-energetica-y-pacto-neocolonial-

Maldonado, Lilia (2024) Reflexiones sobre la pulsión escópica: la ceguera de nuestro tiempo. https://spm.mx/2018/reflexiones-sobre-la-pulsion-escopica-la-ceguera-de-nuestro-tiempo/

Millán, Moira (2024). Terricidio. Editorial sudamericana. Buenos Aires

Miller, J.A.  (2009) Hacia PIPOL 4 – Contexto y apuestas del Encuentro – Textos fundamentales

Lacan, Jacques (2015). El seminario 11: Los cuatros conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidos. Buenos Aires.

Lacan, Jacques (2015). El seminario 23: El sinthome. Paidos. Buenos Aires.

Llano Restrepo, P.  (2023) Los mundos virtuales como espacio transicional en el lazo social. Revista Affectio Societatis Vol. 20, N. º 38, enero-junio 2023

Taylor Nicioli (2023). Red de lagunas halladas en Argentina dan pistas de la vida en la Tierra hace más de 3.000 millones de años. CNN https://cnnespanol.cnn.com/2023/12/16/lagunas-vida-tierra-millones-de-anos-argentina-trax

[1] Con esto hacemos referencia al estudio de la comunicación política como herramienta, pero también de captación o cooptación de los ciudadanos-votantes. Ramas de la filosofía política, la psicología o psicopolítica; al decir de Byung-Chul Han

[2] Esta idea hace referencia a las investigaciones del psicoanálisis de orientación Lacaniana, que ve al sujeto, un sujeto parlante, inmerso en un mundo de seres consumistas. Esta cuestión también se refiere a lo que Freud (1985) llamó Libido y toda una teoría sobre cómo el aparato psíquico libidiniza el cuerpo.

[3] https://www.argentina.gob.ar/derechoshumanos/inai/mapa Para más información se puede ir al sitio de Nación, donde se encuentran mapeados los territorios que tienen legitimidad según el Estado Argentino.

[4] Haciendo referencia al concepto “Green Washing” de la jerga de la ecología política y las investigaciones sobre extractivismo.

[5] https://infoterritorial.com.ar/el-inai-detractor-de-los-derechos-indigenas/

[6] Página web oficial del gobierno de Catamarca para una mejor representación del asunto: https://www.visitcatamarca.com/

[7] Hacemos referencia con ello, al fallo histórico de la Corte de Justicia de Catamarca frente a un amparo presentado por la comunidad de Atacameños del Altiplano: https://lapoliticambiental.com.ar/contenido/4862/ordenaron-a-catamarca-suspender-la-extraccion-de-litio-tras-la-queja-de-un-caciq

[8] Con esto nos referimos a la empresa Posco, ubicada en Antofagasta de la Sierra, casi al límite de la provincia de Salta. https://www.facebook.com/AGUAPUCARA/posts/-posco-la-transici%C3%B3n-del-saqueo-de-humedal-a-parque-industrial-desde-2018-posco-/987536713549524/

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